viernes, 25 de diciembre de 2015

A Christmas Carol



Charles Dicken dijo: "Cuando lo hayas encontrado, anótalo”.  Muchas son las anotaciones, pero pocos son los escritores que saben dotarlas de vida. En este enlace, podéis encontrar, además de mis humildes creaciones, los fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras de mis extraordinarios compañeros de Escritores en Red. 
Feliz Navidad y feliz lectura.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

Caricias




















El sonido de unos puños golpeando una puerta resuena en lo más profundo de sus sueños. Mary se despierta asustada. Respira aliviada al comprobar que está en la habitación del motel junto a la playa. Se dirige al  baño para refrescase la cara. Se mira en el espejo. Instintivamente, saca del neceser el maquillaje para tapar los moratones que van tornándose amarillentos. Destapa el bote y tira el contenido en el lavabo. Observa cómo se desliza por la cerámica creando caprichosas formas. El rumor de las olas la trae a la realidad. Abandona la habitación y cruza desnuda  la arena. Sonríe mientras siente su piel erizarse al adentrarse en el mar. Hace tanto tiempo que nadie la acaricia con tanto mimo...

viernes, 30 de octubre de 2015

Fobia insuperable




















Todos esperan expectantes a que den las doce en el reloj de la capilla. Están tan nerviosos que puede percibirse la ansiedad tras las máscaras que cubren sus rostros. Sin embargo, Adeline tiembla al coger la suya y mira hacia un punto indefinido, más allá de la verja que les separa de la ciudad. Su mente se llena de imágenes, crueles y dolorosas, que la atormentan. Sacude su cabeza para alejarlas.
La noche se llena de risas y alegría con la última campanada mientras, al grito de Feliz Halloween, corren hacia el exterior. Adeline, como si una pared invisible la hubiera frenado en seco, se para y, poco a poco, retrocede hasta el interior del mausoleo.
«No puedo... Nunca superaré mi fobia a los humanos…»

domingo, 18 de octubre de 2015

El yo digital de Elías Quimey y otras historias inverosímiles


El primer apunte que quiero hacer, y que nos ayudará a conocer mejor la obra de Santiago Solano Grande, es que fue el creador de la primera agrupación digital de España, EnR, de la que, en la actualidad,  es el presidente. Esa presencia analógica —con sus interacciones, sus vías de expresión, de conocimiento… habitada en libertad, pero también en confluencia— es una constante en su forma de entender la escritura, lejos de límites y estereotipos.
Y ahora, precisada una de las palabras del título, «digital», vamos a centrarnos en otra que también es clave: «yo». No, no os asustéis… No voy a entrar en cuestiones filosóficas ni humanísticas sobre el término,  porque todos sabemos que nuestra identidad —quizás más marcada en el caso de los escritores que no dejan de ser, en cierto modo, cada personaje que inventan— la conforman varios «yoes». Por eso no tenéis que asombraros ante la cantidad de personajes que entran en escena, salen, se unen en uno solo, se disocian… para acceder a ese Elías Quimey que, como se dice en la sinopsis, es un post humano autorizado a utilizar a conveniencia los radicales libres de La Red.

En este libro no encontraréis una novela tradicional de planteamiento nudo y desenlace, sino un conjunto de hechos que, en apariencia, se suceden inconexos, aislados, pero que, como un rompecabezas, se unen al final para dar respuestas a las diversas incógnitas que se nos plantean durante su lectura. Un puzle que no deja de ser el reflejo de nuestro propio desarrollo personal.
Os voy a pedir que realicéis conmigo un pequeño experimento. Evocar durante un instante el transcurso del día de hoy. Si lo analizáis, no hallareis un solo hilo conductor, es imposible. Porque cada sueño, pensamiento o acción que hayamos tenido o realizado es, en la mayoría de los casos,  independiente y desvinculado del anterior. Es nuestra mente la que se encarga de seleccionar, desechar o guardarlos en la memoria para dar unidad a una fecha que, sumada a otras jornadas, conforman nuestra biografía. Pues bien, Santiago Solano, convertido en una Inteligencia Artificial, ha actuado de la misma manera para presentarnos este extraño pero interesante viaje por la vida, la memoria y los sueños, que no dista de lo que debe ser la Literatura.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Noche perpetua


La ciudad duerme confiada, mientras una figura encapuchada camina por sus calles hasta llegar al cementerio. La antigua cancela cede a su voluntad y chirría al abrirse. Se desplaza silenciosa entre las tumbas más antiguas hasta alcanzar las más recientes, donde se percibe un montículo de tierra blanda, que la nieve ha teñido de blanco. La silueta se retira la capucha que cubre su rostro. Como si la luna fuera a su encuentro, se abren unos claros e ilumina los copos que centellean sobre su exuberante melena. La joven, de rostro impenetrable, extiende su mano en la que lleva una rosa roja. Sin embargo, sus ojos no siguen el movimiento de la extremidad, sino el de unas oscuras gotas que descienden sinuosas por el dorso hasta alcanzar el manto impoluto.
«La sangre sobre la nieve es más roja», piensa mientras deja caer la flor sobre el sepulcro, que parece llevarse el alma y sus recuerdos, atravesados de invisibles espinas. Los pensamientos se arremolinan en su cabeza. Evoca la huida de casa de sus padres, el miedo que sintió mientras deambulaba por las calles, frías e inhóspitas, hasta que apareció Malcolm, tan amable, tan protector... Pero todo fue un engaño. «No intentes joderme, puta, y nos llevaremos bien ¿entiendes?»Con esas palabras y unas costillas rotas Malcolm selló un trato con Alice, que pasó a formar parte de una red de prostitución y drogas. Así pasaron meses, años, en los que, a base de cerrar  los ojos a la realidad, aprendió a vivir en la oscuridad, convirtiendo su vida en una noche perpetua.
Un día en que a Malcom se le fue la mano, perdió el conocimiento y despertó malherida en un hospital. Sus emociones vacilaban entre la inquietud y el terror. Sacando fuerzas de su extrema flaqueza y venciendo el miedo, le denunció. Informó sobre la estructura de la organización, sus métodos, actividades y nexos con otros grupos. A cambio solo pidió protección física. Alice pasó a formar parte del programa de protección de testigos y simularon su propia muerte. 
 —Descansa en paz, Alice —susurra al aire, descartando las imágenes congregadas por su memoria—. El pasado se queda aquí, enterrado en esta tumba vacía y con tu nombre.
 La tormenta arrecia y la nueva Alice mira hacia atrás por última vez. Los copos borrarán sus huellas y su vida pasada. «Las cicatrices señalan dónde hemos estado, pero no dictan nuestro destino», se dice a sí misma mientras se aleja, con paso decidido,  hacia el amanecer. 


sábado, 1 de agosto de 2015

Arriba y abajo















Hay una gran algarabía en casa del marqués de Fontaine. En el piso superior, los invitados festejan los platos preparados por Chef François —el mejor cocinero de París—, en el inferior, Alvar, el aprendiz, mira de soslayo a François sin comprender la desmesura con la que está cocinando.
—¿No se desperdiciará tanta comida? —pregunta Alvar.
—Nunca subestimes el poder de las sobras… —responde François señalando la fila de menesterosos que comienza a formarse en el patio.

El marqués desciende a las cocinas. Desde el dintel de la puerta, observa, asqueado, cómo los indigentes se arremolinan alrededor de la basura que tira Alvar.
—Para que digan que la gula es un pecado de ricos… —señala el marqués.
—No es gula —increpa François — es hambre.

viernes, 12 de junio de 2015

Pasaje al olvido
















El rumor del cierre de fronteras, ante el éxodo masivo hacia Sudamérica, ha disparado la afluencia al muelle. Mistura se coloca en la fila de embarque.
—¿Nombre?
—Mistura.
—¿Con equis o ese?
—Soy parónima, aunque prefiero con ese.
—¿Sabe que su naturaleza puede modificarse al cambiar de país?
Mistura recapacita. En Sudamérica su nombre también significa confeti. Expresión evocadora de alegría y que, seguro, no estará etiquetada de «fórmula poco usada» como en España. Sin tiempo de aceptar, observa a los estibadores recoger, a la orden de «ni una palabra más», las amarras..

Un jovial grupo de vocablos recién nacidos rompe el silencio de la Academia. Mistura los mira con nostalgia, antes de penetrar en la estancia de las palabras olvidadas.