domingo, 7 de abril de 2013

ATADO AL RECUERDO














“Dibujé el itinerario
hacia mi lugar al viento.
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.”
……………………. (Alejandra Pizarnik)



Atado al recuerdo


Mario mira desde la ventana de su habitación a un grupo de niños que juegan en el parque. 
 —Hola, cariño, te traigo la merienda. Pero… ¿por qué estás tan triste?
—Hola mamá… Es que mis amigos ya no vienen a jugar conmigo...
La madre sonríe a su hijo mientras acaricia su mejilla, cubierta con barba incipiente. Mario no comprende que sus amigos hace veinte años que dejaron de jugar.


domingo, 24 de marzo de 2013

CORAZÓN DE TRAPO




















No recuerdo cuántos días llevo en esta habitación, sombría y silenciosa, de la que no me atrevo a salir. En este duermevela, que es, a la vez, desamparo y abrigo. Miro a mi alrededor. Tan solo una tenue luz, que penetra por las rendijas de la persiana, delimita los contornos y me devuelve el destello de las tijeras que hay sobre la mesa. Quiero alcanzarlas, librarme de esta condena… pero una maraña de hilos entorpece mi avance. Apenas son unos metros los que me separan de la mesa y, sin embargo, parece que, a medida que doy un paso, se aleja más y más… Me acerco al fin. Con manos temblorosas cojo las tijeras. Dudo unos segundos. La tijera hace un pequeño ruido al cortar el hilo que cae a mis pies.

Poco a poco, voy cortando, uno a uno, los hilos que me unen a la cruceta que, hasta ahora, guiaba mis movimientos. Con el último, siento que todo mi cuerpo, como si fuera de trapo, se dobla bajo su propio pequeño peso. Tengo que levantarme, buscar un centro de gravedad que me permita mantenerme erguida y vencer la nada. Un eje que actúe sobre la materia de mi cuerpo y me ayude a mantener el equilibrio.

Se acabó la búsqueda de mi identidad en ojos ajenos, en sueños imposibles de realizar porque no son míos. Me desnudo de etiquetas, desmaquillo cada gesto realizado en busca de aprobación… Quiero aceptar la vida fluyendo en su intenso latir, arrojarme, de lleno, a la incertidumbre que ansío encontrar al borde de mis pies. Y eso solo lo conseguiré desde mi libertad.

Los muñecos de madera y cartón no tienen centro de gravedad. Porque son movidos por la mente y el deseo de otros, se mueven con el pensamiento de sus dueños. Hoy he cortado los hilos que me atan a ese pensamiento. Reuniré los hilos y los convertiré en un corazón de trapo al que quiero enseñar a latir.



viernes, 1 de marzo de 2013

TENGO QUE HABLAR CON DIOS, GABRIEL…
























"Esa certeza que se vuelve duda

mata en columna de a uno cuanto encuentra…
(Manuel Martínez-Carrasco)



Tengo que hablar con Dios, Gabriel...


Ya puedes archivar este expediente, Gabriel. ¿Hemos terminado por hoy, no?
—Solo falta que recibas a Náira. Le habías citado a las 12:00 y nos está esperando.
—¿Náira? Lo había olvidado… Cómo si no tuviera bastante con las cosas de Lucifer y las súplicas y quejas de los humanos,  para, además, tener que preocuparme de tonterías, seguro que es una memez lo que le trae. En fin, que pase.

Náira, nervioso y visiblemente consternado, se sienta y, sin decir ni una sola palabra, le entrega a Dios una carta. En el sobre, el membrete del gabinete psicológico para la transmigración de almas, y dentro este texto: “Tras un exhaustivo examen del caso, y habiendo sometido al paciente a varias sesiones de análisis terapéutico, se recomienda le sea concedida la baja temporal en su actividad.  Diagnóstico: Trastorno de ansiedad y depresión”

Esto es inaudito... –dice Dios, mientras rompe el informe en mil pedazos-.  Es la primera vez en la Historia que un ángel de la guarda pide la baja. Y mira que ha habido casos complicados… ¿Acaso quieres que cunda el ejemplo? 
—No, claro que no. Pero es que… D. Juan… me supera. Es un narcisista, misógino, osado hasta la temeridad, no respeta ninguna ley humana o divina…
Tu función no es juzgar, Náira, para eso estoy yo. Tú solo debes aconsejarle, salvaguardarle, sin alterar su libre albedrío y,  por supuesto, ser… la voz de su conciencia
No se trata solo de él y ni de mí... Es que me está creando problemas con otros ángeles de la guarda que me recriminan que hago mal mi trabajo. Se quejan de que, por no saber yo encauzar el camino de D. Juan, algunos de sus protegidos descubren en él un espíritu rebelde y libre, y, atraídos por su ejemplo, comienzan a imitar sus actos.
Pero eso son cosas de jóvenes, la inmadurez que les hace protestar. Con el tiempo aprenderán que el sueño de vivir en libertad absoluta es una quimera... a la que, desde luego, no se llega por el placer como único fin de las acciones. Hay que dejar que el tiempo realice su trabajo.
—Pero, Divinidad, cualquiera pensaría al oíros, que disculpáis sus andanzas, como si solo fueran pequeñas travesuras. ¿Acaso no recordáis el día que traspasó  las puertas del convento para seducir a Doña Inés y sus consecuencias? Ese día, todos pudimos sentir vuestra furia.
—Nada queda disculpado ni olvidado. Cuando llegué el momento pagará por sus pecados. Pero, mientras tanto, deberás continuar a su lado. Si te sirve de ayuda piensa que D. Juan está encerrado en una cárcel, cuyos barrotes son sus propios deseos, y que tú, con tu capacidad y trabajo, con paciencia, serás capaz de limarlos.
No, no… ¡Quitadme las alas si queréis, pero ya no puedo más! Estoy todo el día con el corazón en puño. Duelos, persecuciones, muertes… Y esas pobres muchachas, a las que trata como un objeto, como un trofeo, y las abandona a su destino. Y por si fuera poco,  ya ni siquiera respeta la paz de los cementerios. No puedo más de verdad…


 Finalmente Dios aceptó la renuncia y le envió a descansar. Dos años le ha costado superar el trastorno que supuso velar por Don Juan Tenorio. Náira observa, desde un claro de una nube, el acontecer de su nuevo protegido, un niño aplicado y sin malicia. De repente se oye el rechinar de las puertas del Paraíso que Pedro abre a las nuevas almas. Miles de voces, descoordinadas, desconcertadas… De entre todas ellas, hay una que le resulta conocida. Náira presta más atención, intentando definirla.

“¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla, más pura la luna brilla…”

Náira tiembla al ver el alma de D. Juan atravesando las puertas. ¿Será verdad que, finalmente, todo el mundo puede arrepentirse en el último instante? Náira baja la cabeza, desconcertado, mientras observa lo que parece un destello de malicia en los ojos de Pedro...

viernes, 8 de febrero de 2013

AUXILIO




















“Me despertó un sollozo
que no sé si era mío o era el mundo
quien lloraba escondido en mi conciencia.”

…………………………………….. (Ana Montojo)


Auxilio

Un grito de auxilio trata de
abrirse paso entre los dientes,
apretados con rabia contenida.

Pero la voz se quiebra en el vacío,
en el silencio indiferente
de un mundo sordo, ciego,
e indolente, acostumbrado a contar,
sin inmutarse, por millones
el número de muertos.



domingo, 27 de enero de 2013

EL JUEZ

















Había visto el expediente. Y conocía la Ley. La legalidad vigente era clara y concreta. Y también la vida de aquella familia cuya casa ya no podían pagar. Tenía que firmar el papel de lanzamiento judicial, pero miraba en su interior, y veía los ojos de aquel hombre sin trabajo, a sus niñas dando un beso de buenas noches a su madre antes de acostarse... Cogió el expediente y puso "Improcedente. No ha lugar al desahucio".

Poco después recibió una denuncia del banco que tenía la hipoteca en su poder. Y una sanción del Consejo Judicial. Pero siguió haciendo lo mismo con todos los desahucios que le llegaban.


Le expulsaron de la carrera judicial. Dejó de ser juez, pero siguió siendo un ser humano.




sábado, 12 de enero de 2013

EL ESPEJO




















«Allí donde el pensamiento tiene miedo, la música piensa»
……………………………………………....……(Pascal Quignard)


El espejo


Ha comenzado a llover en Varsovia. Los edificios del gueto judío se proyectan en los charcos acrecentando la sensación de abandono  y suciedad. Desde la ventana de un edifico de la calle Sienna, Ishmael mira por encima del muro coronado de alambradas que le separa del resto de la ciudad. Empuja su alma más allá de la cerca, inventando pasos imaginarios hacia esa otra ciudad, invisible que solo existe en su recuerdo. Y la llena de rostros, manos... de vidas que ya no existen, pero que él afirma con su presencia. Allí están sus padres, su hermana pequeña Judith, su familia... y también su mejor amigo, Aarón.

—Ishmael, ven a desayunar. Es hora de ir al colegio.


La voz de su tía Hannah le saca de sus ensoñaciones. Ishmael termina de vestirse, abre el cajón de una cómoda vieja y deslucida, saca un brazalete con la estrella de David, y se dirige al comedor. Sobre la mesa está preparado el desayuno: un tazón de leche y un bollo de pan seco. Ishmael da un beso a su tía y se sienta a desayunar en silencio. Desde la habitación contigua llegan los acordes del Preludio Nº 1 de Bach, la pieza favorita de su abuelo y la que le consagró como concertista cuando era reconocido y alabado, incluso, por los que ahora le dan la espalda. Ishmael se levanta. Abre la puerta con cuidado, pues no quiere molestar a su abuelo, pero el sonido de los goznes delata su presencia.


Buenos días, pequeño.
—Hola abuelito…
—¿Quieres tocar un poco el chelo?
—Claro, sí... -dice Ishmael sonriendo.


El chelo es casi tan grande como el niño y parece mentira que pueda sostenerlo. Sin embargo, de pie, sujetándolo con su cuerpo, comienza a tocar, pulsando directamente las cuerdas con los dedos, un pizzicato. El abuelo asiente con cada pulsación, y, una vez finalizada la pieza, le da el arco.


Y ahora, Ishmael, escucha la música. Piensa que la música es como un espejo. Solo si sabes escuchar, incluso el silencio final sostenido en el aire, serás capaz de traspasarlo.


Ishmael comienza mover una mano de arriba abajo del diapasón, mientras, con la otra, mueve el arco con una destreza increíble para un niño de su edad. En ese momento, Hannah irrumpe asustada.


Padre, los soldados... Están entrando en la casa, sacando a los vecinos a la calle…


Hannah no tiene tiempo de terminar la frase. De un golpe los soldados derriban la puerta y entran en la vivienda. El odio que desprenden golpea todo lo que encuentra a su paso: cuadros, muebles, fotos… Un soldado, apenas un adolescente, empuja al abuelo con violencia y le tira al suelo. Hannah intenta protestar, pero su voz se quiebra y se hace añicos. En la calle, junto al resto de los vecinos, les obligan a montar en un camión y les llevan a un apeadero en el que esperan dos trenes, uno para los hombres y otro para las mujeres y los niños.


—Abuelito, no quiero separarme de ti…
—Ishmael, prométeme que pase lo que pase intentarás resistir. No te preocupes por mí, yo sobreviviré, porque la música siempre sobrevive… además, a esas fieras sin corazón, les gusta escucharla. Volveremos a estar juntos.
—Pero no llevas el chelo, lo necesitarás… voy a buscarlo.


Ihsmael no oye las palabras del abuelo intentando evitar que lo haga. Milagrosamente, sortea la vigilancia de los soldados, llega a casa y coge el chelo. Ata un cinturón al diapasón y se lo cuelga a la espalda. Al salir del portal ve que, de nuevo, se acercan los soldados. Se esconde en un viejo almacén y no se atreve a salir hasta que no escucha ningún ruido fuera. Casi ha anochecido cuando cruza las calles lo más rápidamente que puede. Cuando finalmente logra llegar al andén los trenes han partido hacia su destino. Ishmael, desolado, no sabe qué hacer. Entonces recuerda las últimas palabras de su abuelo. “Yo sobreviviré, porque la música siempre sobrevive”


Ishmael, decidido a entregar el chelo a su abuelo, comienza a caminar siguiendo la línea de las vías del tren.


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Falta media hora para que comience la nueva temporada de la orquesta sinfónica de Varsovia, con el estreno de una nueva sinfonía titulada “El espejo”. El auditorio del Teatro Nacional está lleno. El público irrumpe en aplausos cuando entra en escena el autor de la composición que, además, será el que ejecute el solo de violonchelo. Ishmael Katz se sienta en el centro del escenario y observa a un hombre con la carga física de los muchos años de su existencia sentado en la primera fila, y que mira al vacío como si estuviera ausente. Las notas, poco a poco, se adueñan del espacio y parecen sacar al anciano de la nada en la que habita desde que, pese a todo, pudo sobrevivir al horror del exterminio. Ishmael le mira y siente que esboza una leve sonrisa. 


viernes, 4 de enero de 2013

EL CUENTO QUE NO QUISIERA CONTAR

















Hubo un tiempo en el que el mundo se dividía entre los niños que jugaban a guerras y los que suplicaban que terminara la suya. Entre los que erigían castillos de arena y los que picaban  las paredes de una mina de carbón. Entre los que acudían a los estadios para ver ídolos del deporte y los que miraban lapidaciones.


Hubo un tiempo en el que el mundo se dividía entre niños que soñaban con genios y hadas y los que no podían soñar.

Y colorín colorado... ojalá cuando llegues al final, este cuento haya cambiado.