sábado, 28 de mayo de 2016

«En el silencio de los puntos suspensivos»
















Han pasado cuatro años desde que publiqué «Patchwork», mi primera obra en solitario. Durante todo este tiempo he continuado leyendo, escribiendo, aprendiendo… creando personajes e inventando ficciones y geografías para ellos. Todo ese itinerario vital y literario queda recogido bajo esta maravillosa cubierta que la Editorial Mundopalabras ha creado para cobijarlo.
Pero «En el silencio de los puntos suspensivos» tiene un valor añadido extra. Por una parte, el extraordinario texto de Emilio Porta que va en  la contraportada. Por otra, unas fantásticas ilustraciones creadas por ese caballero que nos mira sonriente tras el árbol, y que no es otro que Enrique Gracia Trinidad.  
Pocas veces una autora ha estado tan bien acompañada.

lunes, 9 de mayo de 2016

«Patchwork» en Amazon


Gabriel Celaya dijo que la poesía era un arma cargada de futuro y yo añado que también lo es  la Literatura en general. Porque creo firmemente en ello —y no solo en su sentido abstracto sino también en el más inmediato y funcional— he subido mi primer libro, «Patchwork», a Amazon.  

El dinero íntegro de las descargas irá a la Asociación Acercando Realidades que, desde hace 20 años, trabaja con colectivos en riesgo de exclusión, principalmente con la infancia y adolescencia.

Os invito a que os acerquéis a esas otras realidades y que conozcáis la Asociación y sus proyectos como el de acogimiento residencial de menores, el centro de acogida inmediata Heliópolis, el programa de intervención social con adolescentes…

Cualquier ayuda prestada será muy valiosa y bien recibida.

Gracias por vuestra generosidad.

sábado, 23 de abril de 2016

Presentación de «El ojeador», de Luis Miguel Rodrigo González


Gracias a todos por venir a este nuevo encuentro, organizado por la Asociación Literaria Plaza Nueva Idazleak, con escritores de otras comunidades. No cabe duda que la descentralización ha fomentado de un modo sensacional el resurgimiento de nuestros autores locales, hecho que es de agradecer, pero también que corremos el riesgo de quedar circunscritos en el ámbito de nuestra propia autonomía, dejando de lado uno de los valores más extraordinarios de la Literatura: su universalidad.
Hoy tengo el honor de presentaros a Luis Miguel Rodrigo González, que ha venido desde Madrid para presentarnos su primera novela: «El ojeador». Que sea su primera novela no quiere decir que nos encontremos ante un autor novel, muy al contrario. En el 2006 publicó el poemario «Inclemencias de un cardo borriquero», en el 2011 el ensayo «La enfermedad de la prisa: un trastorno de los ideales» y en el 2014 «Mala letra», obra ganadora del prestigioso premio de poesía «Blas de Otero» de Majadahonda.
Antes de comenzar a hablar de «El ojeador», quisiera detenerme un instante en el título de su primera publicación: «Inclemencias de un cardo borriquero». A nadie se le escapa la connotación negativa con la que usamos esa expresión para referirnos a una persona arisca o de trato difícil. Sin embargo el cardo es algo más que una flor espinosa. Entre otras propiedades, tiene la capacidad de crecer y florecer en lugares adversos como los bordes de los caminos o las escombreras. Pues Luis Miguel es como uno de esos cardos: tenaz, dinámico, rebelde… y que, como él mismo nos indica en uno de sus poemas, ha aprendido a buscar la inspiración a ras de infierno.
En él confluye, además,  una circunstancia que le convierte en un escritor especial y comprometido: su profesión como psicólogo clínico —con más de veinte años de experiencia— con lo que conlleva de introspección, de discernimiento acerca de la esencia de las emociones y del pensamiento, y, sobre todo, de empatía hacia los demás y las diversas realidades que existen más allá de la particular.

No me extrañó que Luis Miguel eligiera el tema del futbol para su primera novela, le he visto hacer maravillas con un futbolín mientras me daba no solo lecciones de escritura sino de vida, pero sí sentí interés por ver cómo lo enfocaría. Máxime cuando soy bastante crítica con ese deporte. Y reconozco que, como esperaba, no me ha defraudado.
Luis Miguel rompe las reglas de la narración convencional y estructura la novela en: Primera parte, Descanso, Segunda parte, Descanso previo a la prórroga y Prórroga. Un partido que no es sino una asombrosa metáfora vital, en la que no encontraréis ni una sola jugada de futbol. Porque el futbol es solo el marco de referencia del que se sirve para abordar temas como la amistad, la familia, la inmigración, las drogas, las relaciones de pareja o la soledad.
La acción se desarrolla en un pueblo perdido con nombre de alambrada, pero también podría haberse enmarcado en alguno de los barrios más pobres y peligrosos de Sudamérica o en muchos de los países africanos donde los chicos improvisan pelotas de paños, mientras sueñan con triunfar como futbolistas y salir de la pobreza.
Tras conocer el rumor de la existencia de  una joven promesa del balón, Jaime, un ojeador de futbol con un solo ojo y una navaja de siete dedos en el bolsillo, llega al pueblo, con el convencimiento de que ese adolescente puede ser su última oportunidad para salir de una vida vacía y anestesiada por el alcohol.
Con este inicio, mediante el monólogo interior de cada personaje, se va tejiendo la historia de unas existencias frágiles —con sus secretos, temores, sueños y dudas—, que, a su vez, introducen al lector en una trama que discurre en paralelo. Una carrera contra la muerte repleta de acción, de peligros, de suspense, en la que se demuestra que es en las circunstancias excepcionales donde el ser humano se revela como realmente es. Y todo ello escrito con el lenguaje de los sentidos, con una sutileza tan genial como hermosa

Se dice que el jugador número doce de un equipo es la afición. En este caso, es el lector Os animo a que os convirtáis en ese decimosegundo jugador y participéis en este partido intenso y sorprendente. Porque os aseguro que cuando finalice, como ocurre siempre que la Literatura es de calidad, habréis ganado por goleada.

Y antes de terminar y dar paso a Luis Miguel, que nos hablará sobre su novela, y a Vicente Corral, que compartirá su  experiencia como ojeador profesional, no me resisto a dejaros su «Lección de futbolín», extraído del poemario premiado «Mala letra». Quiero que seáis vosotros quienes juzguéis, más allá del cariño y admiración que siento por Luis Miguel y que han reflejado mis palabras.


LECCIÓN DE FUTBOLÍN

1. —Nivel participante:
Para ser especialista en este arte primero hay que
exiliarse en el silencio —que hablen el hierro y la
madera— y dejar que el oído se acostumbre al
impacto de la bola con las tablas, sin que se nos
escape el parpadeo con el ojo que tiende a
protegerse de un tornillo desprendido o una astilla.
Esta primera fase del entrenamiento dura lo que
tarda en superarse la muerte de un amigo

2. — Nivel aficionado:
Se hace imprescindible que crujan los tendones de
la mano y jamás perder de vista la jugada, aunque la
luz del fluorescente, el humo y el cansancio nos
cieguen las muñecas.

3. — Nivel competitivo:
Se debe mantener el pulso frío cuando cientos de
derrotas observan la partida. Esto se consigue
 cuando las nuestras pesan tanto como aquellas.

4.— Nivel profesional:
Se hace preciso, para llegar a ser alguien en el juego,
pedernal tras las costillas, rabia de sobra y la
puntería que sólo proporciona haber perdido
mucho desde niño.

5.—Nivel ganador:
No deben aspirar los vencedores a premios
sustanciosos; tal vez a que les llamen por su nombre
y quede sepultado en el olvido, a base de victorias,
su apodo de extrarradio.


viernes, 25 de diciembre de 2015

A Christmas Carol



Charles Dicken dijo: "Cuando lo hayas encontrado, anótalo”.  Muchas son las anotaciones, pero pocos son los escritores que saben dotarlas de vida. En este enlace, podéis encontrar, además de mis humildes creaciones, los fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras de mis extraordinarios compañeros de Escritores en Red. 
Feliz Navidad y feliz lectura.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

Caricias




















El sonido de unos puños golpeando una puerta resuena en lo más profundo de sus sueños. Mary se despierta asustada. Respira aliviada al comprobar que está en la habitación del motel junto a la playa. Se dirige al  baño para refrescase la cara. Se mira en el espejo. Instintivamente, saca del neceser el maquillaje para tapar los moratones que van tornándose amarillentos. Destapa el bote y tira el contenido en el lavabo. Observa cómo se desliza por la cerámica creando caprichosas formas. El rumor de las olas la trae a la realidad. Abandona la habitación y cruza desnuda  la arena. Sonríe mientras siente su piel erizarse al adentrarse en el mar. Hace tanto tiempo que nadie la acaricia con tanto mimo...

viernes, 30 de octubre de 2015

Fobia insuperable




















Todos esperan expectantes a que den las doce en el reloj de la capilla. Están tan nerviosos que puede percibirse la ansiedad tras las máscaras que cubren sus rostros. Sin embargo, Adeline tiembla al coger la suya y mira hacia un punto indefinido, más allá de la verja que les separa de la ciudad. Su mente se llena de imágenes, crueles y dolorosas, que la atormentan. Sacude su cabeza para alejarlas.
La noche se llena de risas y alegría con la última campanada mientras, al grito de Feliz Halloween, corren hacia el exterior. Adeline, como si una pared invisible la hubiera frenado en seco, se para y, poco a poco, retrocede hasta el interior del mausoleo.
«No puedo... Nunca superaré mi fobia a los humanos…»